viernes, 24 de enero de 2014

30 de enero, Día de la Paz

    La paz es el fruto de la sana convivencia entre los seres humanos. Para hacerla posible, es necesario un ordenamiento social justo en el que todos los ciudadanos tengan las mismas oportunidades de desarrollarse como personas y les sean respetados sus derechos fundamentales. 

    Los que practican la paz saben que esta no es simplemente la ausencia de conflictos, sino la capacidad de manejar dichos conflictos y superarlos por medio de métodos no violentos como la protesta pacífica, el diálogo y la negociación.

    Para vivir en paz…

Fomentemos el conocimiento y la confianza en nuestras relaciones con los demás.
Reaccionemos con calma, serenidad y firmeza antes las agresiones.
Reconozcamos la dignidad y los derechos de todos los seres humanos por igual.


    Del 27 al 31 de enero se realizarán en nuestro Centro distintas actividades para conmemorar este día. La Biblioteca también se une a las celebraciones mediante la lectura de textos alusivos a la paz.




NO QUIERO 

NO quiero 
que los besos se paguen 
ni la sangre se venda 
ni se compre la brisa 
ni se alquile el aliento. 

No quiero 
que el trigo se queme y el pan se escatime. 

No quiero 
que haya frío en las casas, 
que haya miedo en las calles, 
que haya rabia en los ojos. 

No quiero 
que en los labios se encierren mentiras, 
que en las arcas se encierren millones, 
que en la cárcel se encierre a los buenos. 

No quiero 
que el labriego trabaje sin agua, 
que el marino navegue sin brújula, 
que en la fábrica no haya azucenas, 
que en la mina no vean la aurora, 
que en la escuela no ría el maestro. 

No quiero 
que las madres no tengan perfumes, 
que las mozas no tengan amores, 
que los padres no tengan tabaco, 
que a los niños les pongan los Reyes 
camisetas de punto y cuadernos. 

No quiero 
que la tierra se parta en porciones, 
que en el mar se establezcan dominios, 
que en el aire se agiten banderas, 
que en los trajes se pongan señales. 

No quiero 
que mi hijo desfile, 
que los hijos de madre desfilen 
con fusil y con muerte en el hombro; 
que jamás se disparen fusiles, 
que jamás se fabriquen fusiles. 

No quiero 
que me manden Fulano y Mengano, 
que me fisgue el vecino de enfrente, 
que me pongan carteles y sellos, 
que decreten lo que es poesía. 

No quiero 
amar en secreto, 
llorar en secreto, 
cantar en secreto. 

No quiero 
que me tapen la boca 
cuando digo NO QUIERO.


Ángela Figuera Aymerich (Bilbao, 1902 - Madrid, 1984)

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