domingo, 17 de febrero de 2013

Escritos con mucha clase


          En esta sección del blog publicamos poemas, cuentos, narraciones... escritos por el alumnado del Centro.
          Animados por su profesora de Lengua Castellaana y Literatura, Esther Luque, los alumnos de 3º C han creado unos relatos estupendos con motivo del Día de San Valentín. Queremos compartir con vosotros uno de los más entrañables y mejor escritos. 



    Esta historia transcurre en Atenas, en 1980. Era un día como todos los demás, de esos que te levantas, coges la mochila y tomas un par de galletas para desayunar; al mismo tiempo que te abrochas los pantalones, te intentas peinar un poco y te colocas bien los zapatos mientras bajas por las escaleras, y a pesar de todas esas estrategias de hacer mil cosas a la vez, llegas tarde al instituto.
   A las tres del mediodía, Sonia Alanda salía del instituto, cuando de pronto se cruzó con Gabriel, ese chico del que estaba enamorada desde niña, alumno de 4º, moreno, ojos verdes y sonrisa perfecta. En ese mismo instante, las mejillas de Sonia se pusieron de color rojizo y en su cara se dibujó una sonrisa tonta y picarona.
  Se giró, le sonrió y siguió caminando recto. Ella no pudo evitar girarse y contemplar detenidamente cómo se colocaba el casco, subía a la moto y se marchaba.
   Cuando el corazón de Sonia dejó de latir rápidamente, siguió andando hasta su casa.
  En el almuerzo, mientras comía la familia Alanda, no hablaban mucho, estaban todos un poco cansados, ya que era viernes, excepto el hermano de Sonia: Lorenzo.
   Es tres años mayor que su hermana y, a pesar de la poca diferencia de edad, la relación no es muy buena.
   Lorenzo estaba ansioso, porque ese mismo día por la tarde se graduaba, y quería celebrarlo por todo lo alto.
   Sonia, sin embargo, no estaba tan emocionada porque tenía que ir a ver al pesado de su hermano graduarse y se perdería la fiesta pijama que organizaba Eva esa misma tarde-noche.
    Ya eran las seis y media. La familia Alanda al completo estaban vestidos y arreglados para ir a ver a Lorenzo. Sonia, como siempre, se terminó de encajar los exuberantes tacones rojos y subir la gran cremallera dorada que tenía en la espalda del vestido, mientras bajaba las escaleras de casa.
   Una vez allí, empezó la ceremonia. Estaban nombrando a los estudiantes que se graduaban, una de las veces dijeron: “Lorenzo Alanda” y todo el público empezó a aplaudir fuertemente, en especial su familia. Pero, tras él nombraron a Gabriel Micora. Sonia quedó asombrada y de nuevo se sonrojó  y en su cara se dibujó una sonrisa.
    Esa noche fue muy divertida, después del convite hicieron muchos bailes de madres e hijos, padres y madres, hermanos y hermanas, amigos y amigas, etc.
  Una de las veces, sonó una de las canciones favoritas de Sonia y notó cómo alguien fuertemente le agarraba por la cintura: era Gabriel, ese chico con el que tanto había soñado. Tiernamente le susurró al oído: ¿me concedes este baile?… y mientras los ojos de Sonia brillaban y sus mejillas se encendían, respondió con un tímido sí, la única palabra que sus labios lograron pronunciar.
    La noche transcurría y la chica no creía lo que le estaba sucediendo.
    De madrugada, los labios de Gabriel desafiaron a los de Sonia y se atrevió a darle un beso: dulce, lento, suave, simple… el vocabulario se le quedaba corto para expresar lo que ella sentía.
   Al día siguiente Sonia se levantó de la cama, salió corriendo a coger la mochila y se dio cuenta que era sábado.
   Después de su gran susto, decidió desayunar. Mientras tomaba su segunda tostada de mermelada y su zumo de naranja con mucha azúcar, recordó la noche anterior.
   En ese mismo instante, sonó el teléfono… era Gabriel, la  invitaba a tomar algo por la tarde.
  Cuando se encontraron de nuevo, se saludaron con un beso. Él decidió contarle algo que cambiaría sus vidas: Gabriel debía irse a Mallorca por motivos laborales de su padre.
   Sonia se negaba a creerlo, pero ya no había marcha atrás. Tras dejar a medias el café y fundirse en un abrazo, Gabriel se marchó en su moto, llevándose consigo muchos sueños y metas por cumplir.

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