martes, 20 de diciembre de 2016

Dos alumnas de nuestro centro, finalistas del I Certamen de micro-relatos sobre la violencia de género en la juventud del Ayuntamiento de Málaga

Las alumnas Irene Higueras y Sonia Hidalgo han sido finalistas del I Certamen de micro-relatos sobre la violencia de género en la juventud convocado por el Ayuntamiento de Málaga.

Os invitamos a leer sus relatos que tan generosamente nos  han ofrecido.
 

No me enteré por ella 

Ella se sentía confusa. Tan joven y tan inexperta. No sabía qué hacer, ¿era eso normal?¿Era su culpa o la de él? Lo único que ella sabía en aquel momento es que eso no lo debía saber nadie “¿Y si se lo cuento a alguien y él se entera?” pensaba. Con la cara llena de lágrimas, salió del dormitorio muy avergonzada, y allí estaba él, con un ramo de flores prometiéndole que iban a ser felices, implorando su perdón. Ella decidió perdonarle.
Cada día fue a más, ya no era un tortazo, ya eran palizas y empujones, igual que sus “regalos” cada día cosas más lujosas. Hasta que un día perdió los nervios por completo, la empujó por las escaleras de su bloque y se acabó la historia para los dos. Ella no está entre nosotros y él está en la cárcel, menos mal.
Lo que realmente me apena es que tenga que saber lo sucedido por el diario de mi hermana y que nunca decidiese contárselo a nadie. Cada día que me acuerdo de ella también recuerdo lo ciega que estuve y que no vi lo que pasaba delante de mis narices. 

Irene Higueras (2º ESO D)
 
Otra historia sin final 

“Ella se sentía…estúpida y confusa. Se podría resumir en eso.” Tengo que dejar de escribir otra vez porque las voces del bar de abajo no me dejan concentrarme.
“No entendía cómo podía amar a alguien que le causaba tanto miedo.” Si miro por mi ventana puedo ver a los hombres que están armando escándalo.
“No puede dejar de preguntarse cómo. Cómo pasó de ser el chico de las flores al del dolor.” El camarero se niega a servirles más. Va a haber pelea.
“Sin embargo, con el último golpe algo cambió. Supo que debía poner fin a su sufrimiento.” Ha salido el dueño del bar. Los hombres se despiden y se separan. Uno de ellos, el más grande, vuelve a casa.
“Al fin y al cabo era una chica fuerte.” Oigo cómo abre el portal y sube dando bandazos. Tengo que darme prisa, la última vez fue demasiado.
“Se armó de valor y marcó el número de emergencias.” Está abriendo la puerta. Sólo me quedan unas líneas…
“Suenan uno, dos, tres tonos…servicio de emergencias, dígame.” Se abre la puerta. 

Sonia Hidalgo (3º ESO B)

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